rompes tu matrimonio, NO el vinculo matrimonial

El tratar de romper la indisolubilidad de matrimonio (unión conyugal de hombre y mujer) no deja de ser un acto de prepotencia errónea de la voluntad de las personas, bien como decisión individual contra la otra o ambas de mutuo acuerdo.

La voluntad humana se revela contra el esplendor del amor humano, en aras de sus propios deseos, sin tener en cuenta a la otra parte, ni a los derechos y deberes que fueron asumidos con anterioridad, cuando la realización de la unión matrimonial.

Si cuando dos personas, hombre y mujer, por Amor se unen en matrimonio, están adquiriendo una responsabilidad, para toda la vida de  Unidad e Indisolubilidad, que son los modos de ser propios del vínculo matrimonial.

Ambas propiedades son una exigencia de la dignidad de la persona hacia la otra persona.

Los dos cónyuges realizan, en este acto matrimonial, la plenitud y totalidad de su donación del uno por el otro, así como de la autenticidad de tal acto de entrega. Ambas son propiedades esenciales del vínculo matrimonial.

Si entrar en casuísticas determinadas, debemos decir, que si la realización de esta unión matrimonial no cuenta con la aceptación sincera de ambos cónyuges, de estas propiedades vinculantes, se podría poner en duda la unidad e indisolubilidad de este matrimonio, porque pudiera ser que de hecho el matrimonio fuera nulo, al falsear uno o los dos cónyuges el vinculo matrimonial.

Fuera de posibles casuísticas, el matrimonio tiene una historia de carácter monógamo, único e indisoluble, aunque la dureza del corazón de los hombres impusiera a la sociedad primitiva, y posteriormente la contemporánea, la existencia de leyes humanas sobre repudio, anulación y divorcio.

La tradiciones históricas manuscritas desde los primeros tiempos, de las sociedades más primitivas, así lo reflejan.

Si estudiamos la exégesis judeo-cristiana sobre el matrimonio, esta hoy dia más que analizada y aclarada la visión real de lo que siempre fue la indisolubilidad del matrimonio en todas las sociedades anteriores.

Aunque esta exégesis, en sus principios, dio lugar a visiones e interpretaciones unilaterales, ambiguas y/o confusas, hoy día todas esas falsas interpretaciones están superadas, con textos auténticos avalados por toda la tradición manuscrita. Los diferentes estudios históricos y exegéticos confirman la realidad antropológica del principio indisoluble del vínculo matrimonial.

Otra visión desgraciadamente diferente es que, hoy dia nuestra sociedad contemporánea, banalice el sentido del matrimonio ante la protección de la trivialización jurídica existente, por los estados laicistas,  para romperlo a través del divorcio.

Se olvida que el compromiso jurídico en el matrimonio crea por si solo un ente de derecho del que es garante la sociedad para su bien común. La verdad antropológica de lo que el matrimonio representa para el desarrollo de la sociedad supera cualquier particularismo religioso. Entendiéndose bien que el enfoque trascendente y espiritual religioso es de enorme ayuda para  su consecución.

Comportamiento homosexual

El sentido del deseo y la relación con otra persona forma parte del normal desarrollo afectivo de toda persona. Esta acción afectiva, en su unión con otra persona de diferente género, trae como consecuencia la procreación.

Este no es el caso de la persona homosexual, que practica en mayor o menor grado la homosexualidad.

Se habla de homosexualidad o de persona homosexual cuando una persona participa, de forma predominante o exclusivamente, en actividades sexuales con miembros de su propio sexo.

Los especialistas, en esta materia, informan que la homosexualidad es un desarrollo inadecuado de la personalidad, concretamente con problemas en la orientación y definición de la identidad sexual, agravada con la componente de carácter psicológico.

La experiencia de los especialistas confirma que la homosexualidad no es una variante  adicional y normal de la orientación sexual de las personas en general.

La homosexualidad no es equiparable a la heterosexualidad, tendencia normal esta, por otra parte, en la gran mayoría de las personas.

No obstante, un ambiente social y educacional determinado, donde persista el factor de comportamiento homosexual entre sus miembros, puede provocar un aumento de homosexualidad en el ámbito social localmente circundante.

Hasta hoy día la homosexualidad ha sido siempre un fenómeno marginal.

Deambulaba por ámbitos de una reivindicación social marginada, por ser contraria (la actividad homosexual) a la moral sexual antropológica vivida por el común de las personas.

No obstante y a partir de la presión y difusión mediática, en los años setenta, de los lobby homosexuales americanos, estas reivindicaciones no han dejado de afianzarse en la sociedad a nivel mundial.

Esta presión culminó con la desgraciada simple votación, sin un real estudio científico riguroso, como posteriormente fue reconocido, de la asociación de siquiatras americanos, en 1973, de borrar la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Para más información: el libro de Richard Cohen “Comprender y sanar la homosexualidad” (experto mundial en el campo de la reorientación sexual)

Homosexualidad

La orientación o tendencia homosexual se suele definir como la atracción que (en una persona) tiene como objeto de enamoramiento/sexualidad a otra persona del mismo sexo. Se suele conocer también esta tendencia u orientación con el nombre de homoerotismo.

Sentir esta tendencia no implica que exista en una persona un comportamiento o actividad homosexual. Puede ser pasajero, o en una época de la niñez en circunstancias muy especificas o determinantes de confusión de sentimientos, dentro de un ámbito familiar o de amistad juvenil concreto.

La verdadera homosexualidad se corresponde con  una tendencia sexual que tiene sus inicios durante el desarrollo afectivo de la persona y se organiza sobre la base de un conflicto psíquico no resuelto, en su momento, en esa persona.

Los especialistas en esta materia informan que no se han encontrado fundamentos científicos de carácter genético que relacionen estos conflictos psíquicos, antes mencionados, con la tendencia  homosexual de la persona.

Con mucha frecuencia, las personas que adoptan el estilo de vida homosexual presentan en su vida, simultáneamente, otros problemas de carácter sicológicos.

La tendencia o identidad sexual de una persona depende de muchos y diferentes factores que se entremezclan, en conjunción con su libre voluntad de elección.

En sus investigaciones práctica, los especialista observan que la razones psicológicas que llevan al homosexual a posicionarse en esta dinámica afectiva, por la persona del mismo sexo, son de lo mas variadas y numerosas, y de muy diferente génesis según cada persona.

Por otra parte, estas investigaciones nos aclaran también de que la homosexualidad masculina no es simétrica a la homosexualidad femenina (lesbianas), aunque puedan encontrase  características comunes.

La homosexualidad es una tendencia sexual patológica. No es una identidad de la persona. No existe la identidad homosexual. Por el contrario si existen dos identidades sexuales en la persona: la masculina o la femenina.

 

un feminismo de otro genero

Gracias a buena parte del movimiento feminista la mujer es un sujeto de pleno derecho en el mundo occidental. Sin embargo, las mujeres empiezan a no reconocerse en un feminismo radical, que elimina las distinciones entre masculinidad y feminidad, y pretende que el género de las personas sea el que ellas elijan, sin condicionamientos biológicos.  Se ha pasado de la lucha por la igualdad a la anulación de las diferencias

La primera revolución sexual tenía por objetivo la liberación sexual; es decir, la eliminación de todas las represiones que, según los partidarios de la revolución sexual, la sociedad había impuesto a través de normas morales y de prohibiciones a la práctica de la sexualidad, para llegar a conseguir la generalización del amor libre. La sexualidad era básicamente una relación biológica, psíquica y somática, pero una relación natural.

La que llamamos segunda revolución sexual parte de la idea matriz, expuesta por Kate Millet, en virtud de la cual, la sexualidad, la relación sexual, expresa una idea de poder, una relación política. La primera revolución transformó la política en sexo; esta segunda ha transformado el sexo en política, convirtiéndola en política sexual. (…)

Según Simone de Beauvoir, la mujer no nace, se hace. En ello estaba implícita la diferenciación entre el sexo, como dato biológico, y el “ser mujer”, la función social asignada por la cultura a las funciones propias de cada sexo, que posteriormente se daría en llamar género. Kate Millet va más allá y dice que una cosa es el sexo biológico, como condición física y corporal de una persona, y otra cosa es el sexo como práctica del deseo sexual, que ya no es una relación amorosa entre hombre y mujer de carácter natural, sino que se convierte en una relación política, es decir, una relación de poder.

La novedad es que el amor, aunque sea en su versión hedonista de “hacer el amor”, ya no es una relación de naturaleza pulsional, libidinosa, gozosa o espiritual, sino un espacio político en el que se manifiesta una relación de poder. Las consecuencias derivadas de la idea de que el sexo es un invento artificial, de la cultura o de la política, pueden ser infinitas. (…) En general, lo que de manera inadvertida se ha impuesto es el empleo de la palabra género por sexo, lo cual no es inocente, porque constituye el propósito intencionado de la llamada ideología de género.

La palabra género tenía un uso gramatical, para distinguir entre una palabra masculina, femenina o neutra. El que primero utilizó el término género para referirse al concepto de identidad de género, definido como la conciencia individual que de sí mismo tienen las personas como hombre o como mujer, fue el doctor John Money, de la Universidad John Hopkins de Baltimore, en 1950.

En 1968, el psiquiatra Robert Stoller publicó una obra llamada Sex and Gender. En ella, popularizó las ideas de Money (…): “El vocablo género no tiene un significado biológico, sino psicológico y cultural. Los términos que mejor corresponden al sexo son macho y hembra, mientras que los que mejor califican al género son masculino y femenino, y estos pueden llegar a ser independientes del sexo biológico”.

Para ello, existen dos grandes vías en el feminismo de la igualdad: la de la tradición “ilustrada” que, basándose en el existencialismo de Beauvoir y en el igualitarismo radical, opta por suprimir cualquier diferencia entre hombre y mujer, masculino y femenino, y postula lo que llama universalidad, es decir, la total confusión, para desde ahí establecer la sexualidad según el principio de libre elección, en el sentido de que el género de las personas será aquel que elijan libremente en la realización de su existencia; y la de las “posmodernas”, que parte de la tesis estructuralista de que “el sujeto no habla” sino que “es hablado”; es una “posición en el discurso”, “un eslabón en la cadena de significado”, siempre ya constituida; por eso el género será lo que resignifique el discurso.

Por lo tanto ambas posibilidades pasan por la pluralidad de géneros: femenino, masculino, heterosexual, homosexual, lesbiana, transexual, para terminar postulando la desaparición del sexo-género. Para la primera posición, el sexo-género dejará de existir cuando se implanten las condiciones para que la mujer “acceda al estatuto de individuo” y a “la ciudadanía” (…). Para la segunda vía, antihumanista y foucaultiana, el género-sexo desaparecerá “perdido en la parodia” del drag queen y en la transgresión permanente de géneros.

(ACEPRENSA) Jesús Trillo-Figueroa analiza esta ideología en su libro Una revolución silenciosa: la política sexual del feminismo socialista

paternidad irresponsable de ambos

La expresión positiva de PATERNIDAD RESPONSABLE (hombre y mujer) está actualmente muy deteriorada y sobre todo manipulada de su verdadero sentido y significado, sobre todo en el contexto ético y moral. Se aplica y se trata de significar en lo contrario de lo que es su significado desde sus inicios. Dando lugar entonces a una PATERNIDAD IRRESPONSABLE, con este inicial positivo concepto de ·responsabilidad” ha ocurrido lo que con otros tantos términos y expresiones, su distorsión y manipulación.

Vendría bien recordar lo que la experiencia vital, del actuar negativo de los hombres a lo largo de los siglos, nos demuestra: que el engaño es el último reconocimiento que el error rinde a la verdad. Y no olvidar, también, que la hipocresía es el último homenaje que el vicio rinde a la virtud.

La cultura laicista contemporánea ha utilizado ambas premisas, en su beneficio, para crear un increíble engaño más, presentando la Paternidad responsable como el derecho que la mujer tiene para decidir, personalmente y por encima de todo, su fertilidad.

Se muestra y exhibe como un triunfo de las libertades de la persona. Se enuncia que Paternidad responsable es equitativo a autodeterminación de elección de la mujer.

Es decir: libre albedrío para que la decisión y ejecución de la procreación quede totalmente difuminada en aras de que la sexualidad.

Es decir,  la facultad sexual y su ejercicio, no tenga en si mismo, ningún significado, bajo ningún sentido y aspecto, sea legal, moral, antropológico, social…etc., y que por tanto, su significado y practica sea la que cada cual le atribuya.

Bajo esta interpretación, en realidad se esconde, el introducir en la sociedad la legitimación de toda clase de prácticas contra la vida, como puede ser el aborto, la esterilización…etc.

Se llegan, en la práctica, a crear expresiones y términos diversos, como por ejemplo “buena salud reproductiva”. Con esta expresión, se afirma el derecho de imponer a poblaciones, de carácter  social, económica y culturalmente pobres, la ideología de la anticoncepción, y al final la ejecución practica de la esterilización y del aborto. Esta es la verdadera realidad que se esconde en este autoengaño, tan bien montado y elaborado por la actual sociedad contemporánea.

Este NO ES el verdadero significado de la expresión Paternidad Responsable. Termino, por otra parte, que habría que adjudicar al cristianismo, ya que fue construido y significado dentro de la gran tradición antropológica y ética de la doctrina cristiana.

Cuando en la Voluntad y en los sentimientos de los cónyuges no existe un proceso de maduración, purificación y sacrificio para entender lo que verdaderamente es la Unión Conyugal, que contrarreste el ser dominado por los instintos de la persona, será imposible aceptar y vivir verdaderamente lo que es la Paternidad Responsable.

paternidad responsable,hombre y mujer

Bajo una dimensión ética y moral, esta expresión de “Paternidad responsable”, se refiere a la conducta de las dos personas que integran una unión conyugal (hombre y mujer) en al ámbito del significado procreador y unitivo de su sexualidad.

Este acto de procrear, se hace responsable, y por tanto éticamente bueno, cuando se ponen las condiciones adecuadas y necesarias para la concepción y desarrollo y educación integral de una nueva persona.

Estas condiciones se atienen a la doble dimensión que constituye, en su libre actuar, toda conducta humana: la dimensión interior y la dimensión exterior. Ambas dimensiones deben respetar los fundamentales valores morales.

Se entiende por dimensión interior de la conducta procreadora la decisión de procrear o no procrear. Se entiende por dimensión exterior de la conducta procreadora la ejecución de procrear o no procrear.

La decisión de procrear debe tener en cuenta la realidad concreta de los cónyuges, especialmente de la mujer, de las condiciones necesarias para educar a los hijos, de forma integral, a los deseos, costumbres y convicciones de los padres cónyuges.

La ejecución de procrear, es la segunda dimensión ética de la paternidad responsable. Es la que expresa y realiza el moralmente acto bueno en el hecho de querer procrear. Una voluntad antiprocreadora, que elige la anticoncepción, es siempre ilícita moralmente.

Así como también lo es aquella voluntad que utilice los métodos naturales, sin reflexión en conciencia y ponderamiento moral de su situación, dentro del contexto de una mentalidad anticonceptiva.

Dentro de una voluntad procreadora, el conocimiento y  uso de los métodos naturales de regulación de la natalidad pueden ser puestos al servicio de los cónyuges, en una decisión procreadora o bien en una decisión no procreadora.

Seria bueno recordar lo que se entiende por acto anticonceptivo: “Toda acción que antes, durante o inmediatamente después del acto sexual conyugal busca impedir la concepción de la que el acto sexual mismo es capaz”.

La sexualidad conyugal no debe entenderse exclusivamente  en función de la procreación, sino más profundamente, como expresión-realización del don total y reciproco de las personas de los cónyuges.

Cuando el Amor hombre-mujer aspira a la plenitud total, a vivir su integración total, armonizándose buscando una unidad desde su plenitud, entonces y solo entonces, es cuando se practica, vive y se disfruta de una verdadera Paternidad Responsable, sin plantearse siquiera el porqué de su existencia y su significado….….. todo lo que haces por los hijos sale de dentro, del Amor.

“maternidad segura” = a manipulación

Maternidad no es un concepto ambiguo, al cual podemos adjetivar para darle, en cada momento, el significado práctico que mas nos pueda interesar, según nuestros deseos y apetencias. La sociedad, con sus adelantos médicos, clínicos y tecnológicos, quiere y  tiende a que el nacimiento de una nueva persona sea aun acto seguro y posible para la madre y para el niño.

El concepto de Maternidad engloba a ambos. No es un concepto dividido en dos contextos diferenciados. Por una parte la madre y sus consecuencias y por otro el hijo con las suyas. No. No es así como se define lo que es Maternidad.

Las corrientes abortistas adjetivisan la expresión con la palabra segura. Manipulando la expresión y separando el concepto único e inequívoco, en la Madre por un lado y el posible nacido por otra. Estudiando a ambos por separado, o solamente las consecuencias de la madre. Es la manipulación de la expresión y concepto Maternidad segura.

Esta adjetivada expresión esconde multitud de matices no expresados. Ni esperanzadores. De esta forma dicha expresión designa un embarazo que finaliza en aborto, y que se da donde no esta legalizado o permitido los actos abortistas.. .

Por tanto, no existiría Maternidad segura más que allí donde se garantizara a la madre el derecho a abortar libremente.

La actuación de estas corrientes abortistas es presionar a los gobiernos, e incitar a las autoridades, e instituciones, interesadas en liberalizar el aborto  con el consabido y manido argumento de que, prácticamente, ”la totalidad de las tasas de mortalidad materna se pueden achacar a la gran cantidad de abortos clandestinos realizados en malas condicione”. Argumentación falsa, pero que suena muy bien a los oídos de mentalidades abortistas.

La conclusión final, que exponen los grupos abortistas es que “para reducir el riesgo inherente a la Maternidad, habría que liberalizar el aborto”.

Debemos aseverar, para no caer en esta manipulación expresiva y de concepto, que la Maternidad segura incluye todas las atenciones que la madre y el hijo necesitan antes y después del nacimiento.

El concepto de Maternidad no puede ser expresado, ni puede estar concebido y aceptado, a partir de una acción criminal, como es matar a una persona concebida en el útero de su madre, porque por variadas y diversas razones no se desea el embarazo..

Las corrientes abortistas tendrían que buscarse otra palabra u otra expresión, pero no Maternidad segura. Insultan y rebajan al orden animal al nacido, a la madre y al concepto sublime de lo que es verdaderamente la Maternidad.